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La vida te da sorpresas


Las hojas secas y cobrizas caían de los árboles con el viento, señal inequívoca de que el otoño había llegado.
Cómo si de lluvia se tratase, empezó a dar vueltas sobre sí misma con los brazos extendidos. No le importaba que la mirasen, ni que pensasen que estaba loca; simplemente era feliz.
Giraba con los ojos cerrados y una sonrisa plácida, y se centraba en escuchar el ruido de las hojas bajo sus pies.
Algo hizo que los abriera, un murmullo; cuando lo hizo vio un grupo de niños pequeños que la miraban con los ojos muy brillantes; se notaba que querían hacer lo mismo que ella. Los niños tuvieron que continuar su caminata; muchos de ellos con la cabeza girada mirándola, y ella prosiguió con su peculiar baile disfrutando la vida.
Respiraba hondo, tratando de percibir el mínimo aroma y sonido que le brindase la naturaleza y notando como el sol calentaba su rostro.
Decidió finalizar sus giros y buscar cualquier otra cosa para vivir ese momento. Y al mirar enfrente vio a un chico sentado sobre el césped que la observaba.
-¿Te importa dar alguna que otra vuelta y te hago una foto? Es muy especial lo que transmites, es felicidad. Y como fotógrafo aficionado, es difícil captar algunas sensaciones. Contigo las he visto.
– Jajaja -, rio y volvió a girar.
Cinco o seis vueltas después paró de nuevo; estaba un poco mareada y se apoyó sobre sus piernas.
– ¿Así está bien?- preguntó al chico.
– Si, perfecto. Y muchas gracias, ya que hoy en día resulta difícil que alguien se deje fotografiar por un extraño. Por cierto me llamo Hugo
– Y yo, Rouse! Encantada- dijo con una inmensa sonrisa.
Se sentó en el césped cerca del chico.
– Así que fotógrafo aficionado…. Y ¿Qué más?
– Pues… Tengo un trabajo aburrido en un despacho, así que a la mínima que puedo salgo a disfrutar de la luz del día, o de la lluvia, o del viento. ¿Y tú?
– Estaba un poco cansada y he decidido cogerme un año libre. Quiero pensar muy bien lo que necesito y busco estar bien; no cómo estaba antes, desde luego.
– Interesante.
– Por cierto, ¿Me enseñas las fotos que me has hecho?
– No faltaba más, aunque se nota que soy aficionado..
– ¡Oye! – dijo Rouse incorporándose y poniéndose de rodillas – Me encantan ¿Y si damos un paseo por la zona y me haces alguna más?
– Es una gran idea, cuenta con ello.
Comenzaron a andar por la zona, un gran parque natural que recorría la ciudad de parte a parte. Se pararon en una zona de juegos infantiles, dónde volvió a ser una niña al balancearse en un columpio, mientras su pelo suelto ondeaba salvaje. Luego en la torre de cuerdas, donde se puso cabeza abajo con sus piernas enganchadas en la parte de arriba; también abrazando a un árbol y no podía faltar andar por encima de los charcos.
Una vez hubieron terminado, pararon en una terraza a tomar algo;y a ver todas las fotos que él había sacado.
Estaba maravillada del resultado. Todas le gustaban por algo; en unas salía sonriente, en otras con los ojos cerrados, despeinada y lo más importante, feliz.
– ¡Quiero más fotos! – exclamó entusiasmada. – Aunque por supuesto otro día. La sesión improvisada de hoy me ha encantado.
– Me parece estupendo, así me sirve para perfeccionarme, y quién sabe quizás algún día sea un fotógrafo famoso. Además que tú sabes transmitir muy bien.
– Podríamos quedar una vez al mes para nuestras sesiones, y en otras ocasiones para preparar lo que queramos hacer: tipos de deporte, sesión con animales, o incluso preparando comida. Seguro que será muy divertido.
– Me parece bien. Encantado Rouse.
– Encantada Hugo.
A partir de ese día, sus quedadas para hablar, sus sesiones de fotos, meriendas, risas y demás se repitieron semana tras semana, todos los meses durante muchos años.
Habían forjado una bonita y pura amistad.
¿Quién dice que un hombre y una mujer no puedan ser sólo amigos?

Comenzaron a andar por la zona, un gran parque natural que recorría la ciudad de parte a parte. Se pararon en una zona de juegos infantiles, dónde volvió a ser una niña al balancearse en un columpio, mientras su pelo suelto ondeaba salvaje. Luego en la torre de cuerdas, donde se puso cabeza abajo con sus piernas enganchadas en la parte de arriba; también abrazando a un árbol y no podía faltar andar por encima de los charcos.

Por Rouse

Mente soñadora, corazón puro

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