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La sala


¿Cuántas veces te has preguntado si todo lo que pasa tiene un sentido, aunque en ocasiones no sepas cual?
¿Cuántas veces las circunstancias te llevan por el mismo camino, incluso cuando haces todo lo posible por cambiarlo?
A ella, últimamente le pasaba mucho. Desde evitar una calle y verlo por la que iba andando, hasta encontrárselo en horas absurdas, lo que le pasó con el llavero que él le regaló…. Y la última, estar asignada a terminar un trabajo ¡en la misma sala en la que se besaron por primera vez!
Podía recordar ese día con todo lujo de detalles. Él le pidió que le acompañase a clasificar unos documentos a aquella sala. Iba a ser un rato corto, apenas unos minutos, así que no encendieron todas las luces.
La química, la tensión entre ellos era más que evidente y más en aquella situación. Él, se acercó un poco a ella que se irguió nerviosa. Él se acercó más, ella le miró a los ojos. Y se besaron.
No fue un beso de película, fue más bien corto. Con más deseo que sentimiento. Más un juego que una realidad.  Fue parte del inicio.
Y ella, hoy, al entrar allí lo volvió a  revivir.
Encendió todas las luces, y se sentó en la amplia mesa de reuniones que había en el centro. A su espalda los archivos y enfrente la desnuda pared; aunque su mente recordaba la imagen de ellos dos en medio de la estancia. Era como una estatua transparente que no paraba de girar. Era un beso inmóvil. Era su recuerdo.
Miró todas las sillas vacías y respiró hondo. Se tenía que concentrar sí o sí para intentar acabar pronto e ir lo menos posible a aquel lugar.
Sacó las hojas que tenía que revisar, también sus apuntes con parte de los datos que había que añadir o cambiar; folios en blanco por si hacían falta, su bolígrafo, un corrector y un marcador; el móvil para tenerlo a mano y visible…Y comenzó su labor, no sin antes fijarse en la hora que era.
Las 10:00.
– ¡A por ello! Pensó para si misma.
No había ni pasado una hora cuando alguien llamó a la puerta. Se sobresaltó un poco porque no esperaba a nadie, pero rápidamente contestó.
– Adelante- dijo levantando un poco la voz.
La puerta se abrió y una cabeza asomó. Era su compañera.
– Hola, ¿Cómo vas? He pensado que quizás te apetecía tomar un café. Sé que te ayuda a estar concentrada – y le guiñó un ojo.
– Te lo agradezco mucho – le dijo con una amplia sonrisa – que bien me conoces.
– ¿Todo lo demás? – preguntó sin saber los recuerdos que ella tenía allí.
– Si, todo bien, en un rato estoy en el despacho contigo.
La puerta se cerró de nuevo y retomó su trabajo. Y volvió a consultar su reloj.
Las 11:00.
Pasó otra hora, o puede que dos ya que había perdido la noción del tiempo entre el trabajo y sus recuerdos.
Aunque no sabía la hora exacta recordaba que aquel primer encuentro fue por la mañana, antes de comer y después de almorzar. Se quedó mirando la pared y allí volvieron a aparecer las figuras girando mientras se besaban…..
Se obligó a continuar, y es que conforme avanzaba el tiempo le costaba cada vez más no pensar, no recordar. Se acercaba la hora y su cabeza solo sabía que revivir una y otra vez aquel momento. Quizás si lo deseaba con toda su fuerza ocurriría. Porque en lo más profundo de su ser deseaba repetir el momento por segunda vez. Ansiaba que se abriese la puerta y que él apareciese allí para abrazarla, besarla y quedarse, está vez, para siempre.
Cerró los ojos y recordó su calor, recordó su olor, su voz, sus manos, su piel, su sonrisa. Volvió a soñar con las figuras transparentes que giraban unidas en un beso, volvió a recordar todas las sensaciones tan intensas que parecían reales y que no lo eran.
Presente y futuro, escribió en un pequeño papel que guardo en la funda de su móvil.
Y se puso a guardar en silencio todas las cosas que había sacado: sus apuntes con parte de los datos que había que añadir o cambiar; folios en blanco por si hacían falta, su bolígrafo, un corrector y un marcador. El móvil en la mano para tenerlo visible.
Y miró la hora por última vez.
Las 13:19.
La puerta se abrió.
Era ella saliendo de la sala triste pero cada vez más fuerte; afectada pero superviviente, sin dejar de soñar pero viviendo la realidad, recomponiendo sus pedazos ella sola.
Dibujó una melancólica sonrisa con sus labios y cerró la puerta.

Presente y futuro, escribió en un pequeño papel que guardo en la funda de su móvil.

Por Rouse

Mente soñadora, corazón puro

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