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La segunda primera vez


Siempre se ha dicho que la primera vez es bonita, qué es un momento único en la vida; y es cierto, aunque también falta la experiencia, falta el conocerte y conocer a la otra persona. Y eso en lo referente a las relaciones es muy importante.
¿Te imaginas cómo podría ser una segunda primera vez? Con el aprendizaje vivido, con las experiencias, conociéndote a ti mismo y a la otra persona… Algo muy especial sin duda.

La historia entre ellos terminó. Y cada uno siguió con su día a día sin el otro. Y es que la vida no se para por nada ni por nadie.
Y lo mismo que no se detiene, nunca sabes cómo te va a sorprender.
Y, ¿Qué hizo el destino?
Los volvió a reunir.
Se encontraron por casualidad en aquel comercio.
La sorpresa y la alegría de ambos era visible ya que no sabían nada el uno del otro desde hacía un tiempo. Y el centro de un pasillo les pareció el mejor lugar para ponerse al día. Hasta que se dieron cuenta que no dejaban pasar a nadie.
Entre risas y bromas se dirigieron a pagar sus compras.
-¡Que alegría verte! -Dijo ella.
-Te doy toda la razón. -añadió él- Podríamos tomar algo un día y así me cuentas más.
-¡Claro!- ella pensó unos instantes- ¿Y si lo hacemos ahora? Voy cargada, así me ayudas con todo lo que he comprado. Improvisemos.
-Te vuelvo a dar la razón- rió él dándole un amistoso apretón de manos.
Se dirigieron a su casa y por el camino bromearon, rieron y se fueron poniendo al día. Al llegar y abrir la puerta junto a él sus pensamientos cobraron vida propia y recordó todos los momentos bonitos que habían compartido.
-¡Que lástima que aquello acabase!- pensó para ella misma – Nos complementábamos tan bien.
Tras guardar la compra se sentaron en el sofá a continuar la charla… Ella le miraba a él; él a ella y se dedicaban sonrisas.
Ella se sentía nerviosa, aunque aparentaba mucha calma. Pero tenerlo ahí tan cerca era algo que le pertubaba y bastante, ya que fue alguien muy especial.
-Me tendré que ir…. -Dijo él levantándose.
-Por supuesto, que no se te haga tarde -añadió ella.
Y lo acompañó a la entrada mientras notaba cómo su corazóno se aceleraba y los suspiros escondidos la devoraban.
– Gracias por la ayuda -le dijo mientras le daba un beso en la mejilla.
– No hace falta que me las des -dijo él mientras le devolvía el beso.
Se apartaron y ella le dio un abrazo rodeando su cuello; él la abrazó también. Pasaron los segundos y ninguno de los dos soltaba al otro.
Ella cerraba los ojos e intentaba controlar su pulso. Notaba el olor de él, notaba la respiración en su cuello…
Notó otro beso en la mejilla.
Otro beso más suave cerca de sus labios.
Él bajó sus manos sujetando la cintura de ella por detrás y acercándola más.
Ella respiró hondo y giró su cara, quedando las comisuras una al lado de la otra. Y así permanecieron en silencio durante un tiempo.
Rozaron sus labios y se empezaron a besar.
Las manos de él se deslizaron por debajo del jersey, acariciando muy suavemente su espalda. Las de ella buscaron la piel de él y lo abrazó con más fuerza.
Pararon un instante y se miraron a los ojos con la mezcla justa entre dulzura y deseo. Cogidos de la mano se dirigieron a la estancia más cercana, el salón y se pusieron de nuevo al lado del sofá.
Entre miradas cómplices y besos, ella se quitó su jersey e hizo los mismo con la camisa de él. Él recorrió con sus dedos índice y corazón el borde interno del pantalón de ella, parando en el botón, que con un gesto rápido desabrochó. Y mientras lo bajaba iba colmando de besos su vientre; ella se sujetó el pelo con las manos mientras tiraba la cabeza hacia atrás.
Él terminó de desvestirla.
Era el turno de ella.
Muy suavemente fue quitando las prendas de ropa que le quedaban; sin apartar sus ojos de los suyos ni un solo momento, dedicándole en algunas ocasiones esa mirada traviesa que sabía que le encantaba.
Desnudos se sentaron en el sillón mientras continuaban con los besos y empezaban las caricias. Él sabía muy bien cómo acariciarla, ella sabía muy bien como besarle, se conocían a la perfección y los dos querían que aquella fuese su segunda primera vez.
Muy dulcemente se inclinó sobre ella para quedarse los dos recostados sobre el sofá y así poder recorrer todo su cuerpo con sus manos ansiosas de su sedosa piel; y notar sus cálidos labios en distintas partes de su cuerpo.
Las caricias ya no eran suficiente, ambos deseaban volver a unirse al otro. Ella se tumbó y él se fue colocando muy despacio encima de ella. Poco a poco se fue acercando mientras notaban cómo la piel reaccionaba al contacto de la piel. Cómo al juntar sus vientres, sus pechos, se hipersensibilizaban y cientos de pequeños escalofríos les inundaban.
Se abrazaron con ternura.
Se volvieron a mirar a los ojos, sabiendo que tenía que hacer cada uno y se unieron. Acompasaron sus respiraciones, sus movimientos; se besaron, se abrazaron, entrelazaron sus manos intentando que aquel momento fuera eterno…
Colmados de pasión se quedaron abrazados y en silencio. No les hacía falta decir nada.
Era maravilloso volver a sentir todas esas emociones, era algo único.
Y es que la piel no miente.

Por Rouse

Mente soñadora, corazón puro

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